El problema del cerebro- mente está parcialmente relacionado con el problema de la percepción y consiste en averiguar cuál es la naturaleza de las percepciones y, en general, de todos los contenidos mentales. Las percepciones- sonidos, colores- y los sentimientos y pensamientos son mentales (no existen fuera de la mente). A partir de este hecho, es común establecer la distinción entre los cuerpos físicos y los estados mentales.

*Cuerpos físicos. Son todos los objetos que pueden verse, medirse y tocarse y están sujetos a unas leyes definidas. Es todo aquello que en general puede estudiarse con los instrumentos científicos y a los que cualquiera tiene acceso.

*Estados mentales. Son los pensamientos y el flujo de contenidos de la mente que, por definición, son internos a cada uno. Nadie puede aspirar a acceder a los contenidos mentales de otra persona (¿o sí?) y cada uno solo tiene acceso a los suyos propios. Incluso si se tratara de analizar el cerebro de otro individuo mediante las últimas técnicas, jamás se podría interpretar qué está pensando o sintiendo, porque lo único observable serían los intercambios electroquímicos entre las neuronas. Como mucho, la zona del cerebro estimulada puede darnos pistas sobre la actividad que lleva a cabo, si escucha una voz, o siente placer, pero en ningún caso mostrará cómo se vive dicha experiencia.

 ¿La mente está en el cerebro?

Para comprender la mente humana, uno de los aspectos que estudian los científicos son las lesiones cerebrales. Una persona con una parte del cerebro dañado altera su comportamiento y los investigadores aprovechan esta circunstancia para determinar la función y los procesos mentales que desarrolla cada parte del cerebro. Todos estos estudios han permitido constatar que cerebro y mente están perfectamente ensamblados y que, como afirma Steven Pinker, “la mente es lo que hace el cerebro”.

Uno de los casos estudiados más célebres es el de Phineas Gage. En 1848, este capataz encargado de construir una vía de ferrocarril sufrió un accidente en el que una barra de hierro le atravesó el cráneo. Gage logró sobrevivir y se comprobó que su capacidad de raciocinio había quedado intacta. Una vez restablecido se reintegró al trabajo, y fue entonces cuando sus compañeros descubrieron que era una persona muy diferente. De ser una persona seria y responsable, pasó a ser un indeseable, maleducado e irresponsable.

A partir de los restos hallados del cráneo, el neurólogo Antonio Damasio ha descubierto que el accidente supuso que la región prefrontal de su cerebro quedara desconectada del resto. El científico Francisco J. Rubia describe el caso de la siguiente manera: “Lo que después del accidente le faltó a Gage son precisamente aquellas facultades con sede en el lóbulo frontal, a saber, la capacidad para anticipar y planificar el futuro, la organización temporal de la conducta, el sentido de la responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás, la posibilidad de adaptarse a un entorno social complejo a costa de reprimir las propias tendencias instintivas, lo que podría resumirse por juicio ético y conducta social”. Por esta razón, Damasio concluyó que las facultades morales se encuentran en el lóbulo frontal del cerebro.

Todos estos estudios siguen, sin embargo, sin responder a la cuestión fundamental: ¿cómo surge la mente de cerebro? ¿Es la mente algo meramente físico? Desde la Edad Moderna, los filósofos se han planteado este tipo de cuestiones. El primero de todos ellos fue Descartes.

  1. El dualismo.

El filósofo R. Descartes planteó el problema de la relación cuerpo-mente en los siguientes términos:

*La realidad es material, y la propiedad más esencial que la caracteriza es la extensión. Todo aquello que es extenso y que, por tanto, ocupa un volumen, es material. Descartes denominó a la materia res extensa.

*El universo material es mecánico y semejante a los engranajes de un reloj. Todo movimiento tiene una causa y se produce por impactos o contactos de los distintos elementos entre sí.

*Por otro lado, es evidente que el ser humano es libre y es capaz de pensar y actuar conforme a unas finalidades que él mismo se plantea.

*Para Descartes, estas propiedades son incompatibles con el mecanismo de la materia. El mundo material y mecánico no es capaz de explicar ni la libertad humana ni el pensamiento.

 

*Por tanto, tiene que existir una sustancia que no es material, sino espiritual. Si no es material, significa que no puede tener extensión ni ocupar un volumen. Así como la sustancia material se caracteriza por la extensión, la sustancia espiritual se caracteriza por el pensamiento. Descartes denominó a la sustancia espiritual res cogitans o sustancia pensante.

*Descartes es, por tanto, dualista, ya que afirma que existen dos tipos de sustancias distintas: una sustancia material (res extensa) y una sustancia espiritual (res cogitans).

Según Descartes, la mente (sustancia espiritual) es capaz de controlar el cuerpo (sustancia material) y darle instrucciones.

El problema principal que legó Descartes a sus contemporáneos es el de la relación entre las dos sustancias. La solución que propuso fue insatisfactoria: señaló la glándula pineal como lugar donde se producía la comunicación. La glándula pineal es la glándula situada en la base del cerebro donde Descartes localizó la unión del alma con el cuerpo. Su  función consistiría en impulsar los espíritus animales de la sangre a través de los nervios para producir los movimientos del cuerpo. Hoy se la conoce también como epífisis y produce la hormona melatonina.

  1. El espiritualismo.

Entre las propuestas para solucionar el problema de la relación de las sustancias, algunos filósofos se decantaron por suponer que en realidad no había ninguna sustancia material, únicamente existe una sustancia espiritual.

 

  1. W. Leibniz (1646-1716) espiritualizó la realidad. Afirmó que está formada por unas unidades inmateriales que denominó mónadas. Cada mónada es distinta del resto y es como un reflejo de todo el universo. Las mónadas no guardarían ningún vínculo entre sí, sino que todas ellas obedecerían a un plan divino que Leibniz denominó armonía preestablecida, por el que parecería que todas ellas funcionan al unísono.
  1. El materialismo.

Frente al espiritualismo, aparecieron autores que afirmaron que solo existe la materia. El materialismo es la corriente según la cual solo existe la sustancia material- la res extensa cartesiana- por lo que no es necesario recurrir a una sustancia espiritual. El filósofo francés J. O de La Mettrie (1709-1751) es uno de los principales representantes de esta corriente. Defiende que si se aplica esta concepción al ser humano, se llega a la conclusión que no es otra cosa que una máquina muy compleja.

Tal como afirmó K.Popper, “el materialismo es una corriente filosófica en la que se encuentra el origen de diferentes programas de investigación científica”. Las investigaciones científicas que se realizan actualmente tienen como trasfondo la idea de que no hay realidades espirituales. Los neurólogos aspiran a comprender el cerebro a partir de mecanismos físicos. Sin embargo, su funcionamiento sigue siendo un misterio.

Uno de los avances más importantes de la actualidad ha supuesto descubrir que la mente humana no es una unidad, sino que opera mediante módulos y que los impulsos u órdenes procedentes de distintos módulos pueden entrar en conflicto. Las distintas partes del cerebro colaboran en el desarrollo de funciones distintas y una lesión en ellas impide que el sujeto pueda desempeñar dicha actividad. Los neurólogos han puesto al descubierto incluso que el “yo” es una ilusión y que si se corta el cuerpo calloso que une los dos hemisferios cerebrales, emergen dos “yoes” independientes que se ignoran entre sí. Estos descubrimientos sirven para afianzar la dependencia de la mente del cerebro y que propiedades mentales como la creatividad surgen, como afirma S. Pinker, “de un proceso mecánico”.

( Roger Corcho Orrit y Alfredo Corcho Asenjo. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato. Editorial Bruño. Madrid. 2008)