Jürgen Habermas (1929) pertenece a la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y su obra se centra sobre todo en la política y la ética dialógica. Fue profesor en la Universidad de Heidelberg y después en la de Frankfurt, donde tuvo como maestro a Adorno. Fue director del Instituto Max Planck, centro destinado a la investigación de las condiciones científicas del mundo científico y tecnificado.

 

Su pensamiento parte de la situación de denuncia de la primera generación de la Escuela de Frankfurt para ofrecer nuevas alternativas a la razón instrumental, como son la comunicación y el diálogo. Su proyecto de una razón dialógica responde al interés emancipador anhelado por Adorno y Horkheimer, pero recibe también la influencia de la tradición filosófica alemana, es decir, de Kant, Hegel y Marx.

Entre sus obras destacan: Teoría y praxis (1963), La lógica de las ciencias sociales (1967), Ciencia y técnica como ideología(1968), Conocimiento e interés(1968), Teoría de la acción comunicativa(1977), Conciencia moral y acción comunicativa(1983), El discurso filosófico de la modernidad(1985) y El pensamiento postmetafísico (1988).

  1. Conocimiento e interés.

Si Kant había señalado las condiciones a priori que hacen posible el conocimiento y Marx sus condiciones histórico-materiales, Habermas añade que a todo conocimiento le va unido un interés. Con ello afirma que las operaciones cognoscitivas del sujeto trascendental kantiano tienen su base en la historia natural de la especie humana y de este modo sitúa las raíces profundas del conocimiento en la propia vida.

HABERMASEsta visión antropológica del conocimiento afirma que la historia de la humanidad se puede describir como el desarrollo del dominio del ser humano sobre la naturaleza. Este es el ámbito de la razón técnica. Pero, para Habermas, la razón no es solo un órgano de adaptación a la naturaleza como, por ejemplo, ocurre con las zarpas o los colmillos de los animales. En los seres humanos la razón:

  • Es algo más que un órgano adaptativo, porque los seres humanos no son solo biología o naturaleza, sino también cultura.
  • Es el órgano que, además, obliga a los seres humanos a rebasar el ámbito de la naturaleza.

Por ello, Habermas concibe el conocimiento como el instrumento de autoconservación que tiene la especie humana para sobrevivir y con el que, sin embargo, trasciende a la mera autoconservación zoológica. Esto quiere decir que si la razón nos separa del resto de los animales es porque con la razón afirmamos nuestra identidad y tomamos conciencia del mundo y de la sociedad, y aspiramos a vivir una vida justa y buena. De este modo, la supervivencia, que en un principio parece ser un mero asunto biológico, tiene una dimensión histórica mayor.

Nuestra supervivencia como seres humanos es un tipo de supervivencia cultural y, por tanto, los intereses rectores del conocimiento provienen de la naturaleza y, a la vez, de la ruptura con la naturaleza que la cultura representa en el ser humano.

Los intereses rectores del conocimiento son a la vez naturales y culturales, y se forman en el medio del trabajo, del lenguaje y de los sistemas de dominación.

Los intereses rectores del conocimiento son tres y, además, están vinculados a tres formas diferentes de acción:

*El interés técnico. Produce un saber instrumental, equivalente a la racionalidad instrumental que tanto criticaban los pensadores de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Este saber instrumental consiste en una explicación causal de los hechos y su medio es el trabajo. Las ciencias que tienen esta orientación técnica son las ciencias empiríco-analíticas.

*El interés comunicativo. Produce un saber práctico o entendimiento. El medio para lograrlo es un lenguaje fruto de la interacción de los seres humanos. La ciencia que tiene como objeto este interés práctico es la ciencia histórico- hermenéutica.

*El interés emancipatorio. Produce un saber crítico basado en la autorreflexión con el fin de librar al ser humano de todo tipo de dominación. La ciencia que tiene como objeto este interés emancipatorio es la ciencia crítica.

Los intereses rectores del conocimiento señalan, por tanto, que la socialización se produce en tres ámbitos: el trabajo, el lenguaje y la política, porque por nuestra propia naturaleza estamos obligados a asegurar nuestra supervivencia:

_Defendiéndonos de la hostilidad de la naturaleza mediante sistemas de trabajo.

_Conviviendo con otros seres humanos en una unidad colectiva determinada por la tradición y articulada a través del lenguaje.

_ Edificando nuestra personalidad individual en conflicto constante entre nuestros deseos particulares y las coerciones políticas.

De esta forma el individuo socializado:

*Trabaja y forma parte de las fuerzas productivas.

*Participa de la vida social y entre a formar parte de la tradición.

*Construye o crítica ideologías y forma parte del proceso por el cual una sociedad se legitima.

Pero lo importante es que estas tres clases de intereses rectores del conocimiento no son ni particulares ni personales ni están determinadas por una clase social o por una época concreta, sino que son constantes antropológicas de la propia especie humana, que se van desarrollando a lo largo de la historia dentro del propio proceso de autoconstitución.

Habermas se pregunta si existe relación entre el proceso de socialización y los intereses rectores del conocimiento, y su respuesta solo puede ser una: Sí, tal como lo expuso en sus obras Trabajo e interacción y Ciencia y técnica como ideología. El ser humano ha de socializarse para convertirse en ser humano.

  1. Teoría de la acción comunicativa.

La filosofía de Habermas desemboca en una teoría de la comunicación o, como él mismo dice, en una teoría de la acción comunicativa. Con ello, se diferencia de los pensadores de la primera generación de la Escuela de Frankfurt:

*Frente al pesimismo de sus antecesores, Habermas señala que en todo conocimiento hay un interés emancipatorio que constituye el desarrollo mismo de la razón y que tiende a superar el irracionalismo. Este interés emancipador está relacionado con la capacidad de autorreflexión del sujeto y de comunicarse con otros seres humanos.

*Frente al rechazo a la ciencia positivista de sus antecesores, Habermas considera que no hay que prescindir de ella, sino reubicarla dentro de los diversos niveles posibles de racionalización. Por ello mismo, admite que hay que crear una nueva concepción de ciencia que sea la suma de la fuerza productiva y la fuerza emancipatoria. Esta nueva forma de concebir la ciencia tendrá que responder a una nueva teoría de la razón que sea al mismo tiempo justificativa (teoría) y explicativa (práctica).

Para ello, Habermas distingue varios tipos de acción:

*Acción instrumental. Se atiene a reglas técnicas que descansan en el saber empírico, como son las ciencias y las técnicas. En esta situación un sujeto se sirve de un objeto como medio para sus fines. Se puede hablar de una racionalidad tecnológica en la acción instrumental. Su fin es el éxito.

*Acción estratégica. Descansa en un saber analítico. Aquí no solo se presuponen unos fines, sino que se trata de saber elegir la mejor opción entre varias posibilidades. Es decir, la razón no es la que establece los fines, pues ya están dados, la razón lo que hace es deducir formalmente a partir de unas reglas la pauta más idónea. Por ello, la racionalidad es formal y Habermas denomina a este tipo de acción, elección racional.

*Acción comunicativa. Corresponde a un tipo de acción distinta a la instrumental y a la estratégica. Guarda una estrecha relación con el lenguaje porque todo ser humano nace dentro de una comunidad lingüística que le precede, y está integrada por normas, tradiciones, valores, convencionalismos y creencias.

Desde la acción comunicativa podemos acercarnos a la sociedad para entenderla como el mundo de la vida, es decir, como el contexto donde se llevan a cabo los procesos del acto comunicativo.

Para Habermas, el positivismo, y sobre todo el neopositivismo, han insistido en los aspectos sintácticos y semánticos del lenguaje y han dejado completamente de lado los aspectos pragmáticos del lenguaje por no ser tematizables universalmente. Por ello, les acusa de haber prestado atención solo a los referentes lingüísticos, pero no a uso del lenguaje.

En cambio, la teoría de la acción comunicativa otorga una importancia crucial al aspecto pragmático del lenguaje:

*El lenguaje es lo que nos separa de la naturaleza.

*Con la estructura del lenguaje viene ya puesta en nosotros la capacidad de emancipación.

*Con la primera frase que pronunciamos queda también inequívocamente expresada la intención de un consenso general que no esté empañado de coerción.

Por tanto, cada acto de habla constituye una unidad de comunicación lingüística entre los hablantes y supone un consenso simbólico entre ambos. De este modo, el lenguaje constituye el medio que utilizamos para comunicarnos y también para dar sentido a nuestros modos de actuar frente a la realidad, la moral el derecho y la política.

  1. Política, ética y razón dialógica.

Habermas aspira a la reconstrucción racional de la acción comunicativa en la sociedad contemporánea. En este sentido, su proyecto filosófico se relaciona con el principio de universalización del imperativo categórico de Kant. De este modo, nos conduce al problema del tema de la verdad sobre las cuestiones práctico-éticas o, mejor aún, del tema de la corrección o incorrección sobre tales cuestiones.

Al respecto, rechaza el escepticismo en materia ética y encamina sus investigaciones en demostrar que:

*En todo acto de habla los interlocutores se entienden porque comparten unos supuestos comunes.

*Estos supuestos comunes hacen posible la comunicación y un entendimiento o consenso válido en términos universales.

*Estos supuestos se configuran como mandatos universales y son cuatro. Inteligibilidad, verdad, corrección y veracidad.

Habermas define estos presupuestos comunicativos de la siguiente manera:

*Inteligibilidad. Es la condición de posibilidad de cualquier acto de comunicación. Hablante y oyente parten del supuesto de que lo que dicen o lo que oyen es comprensible para ambos. Si no hay inteligibilidad es imposible comunicar el mensaje.

*Verdad. Es el supuesto característico de los enunciados que se refieren a estados de cosas existentes. Con ello, quiere decir que el contenido del mensaje ha de corresponderse con el objeto, por ejemplo, si se afirma que “el libro es nuevo”, este debe ser nuevo. En este sentido, el hablante pretende que el contenido de la frase que ha emitido sea verdadero y que el oyente lo sepa.

*Corrección. Es el supuesto de los enunciados que se refieren al mundo social. En este sentido, el hablante pretende que, en el contexto social en que se encuentra, la frase que ha emitido se pueda decir sin problemas y el oyente así lo espera.

*Veracidad. Es el supuesto de los enunciados que se refieren al mundo subjetivo. El hablante pretende que lo que dice y lo que piensa sean lo mismo y el oyente así lo supone.

El consenso, concepto clave en la teoría comunicativa, consiste en que los participantes del acto comunicativo se ajusten a tales supuestos para defender sus argumentos. Como el lenguaje puede usarse para engañar o mentor, la acción comunicativa ha de desarrollarse necesariamente en el contexto de una situación ideal de habla donde los dialogantes se reconozcan recíprocamente como personas. En consecuencia, la aceptación del mejor argumento ha de residir no en la convicción del hablante sino en las razones sólidas que da para defender esa postura, razones válidas para cualquier interlocutor independientemente de su edad, sexo o estatus social.

En definitiva, este consenso se fundamenta en una ética procedimental universalista, al estilo kantiano, en la que, eliminadas todas las relaciones de dominio, sea posible la convivencia pacífica que no impida un pluralismo de formas de vida, ni se pronuncie sobre cómo cada individuo debe buscar la felicidad.

Habermas defiende que la razón humana es dialógica precisamente porque se sustenta en la construcción de una empresa común compartida por todos. Y para la realización de tal empresa es imprescindible la existencia de un espacio público de deliberación racional. De hecho, la democracia únicamente puede fundamentarse en ese espacio público donde, tras una deliberación racional, los miembros de la sociedad intervienen activamente en la acción comunicativa. Habermas confía pues en el diálogo y en la actitud participativa de la ciudadanía para alcanzar ese espacio público donde se consolida y fundamenta la democracia.

La política exige un espacio público de deliberación racional y una ética dialógica que consiste en la búsqueda de un consenso argumentativo universal.

Sin embargo, hoy se observa un repliegue de la ciudadanía con respecto a la participación en la esfera pública. Este repliegue es consecuencia de una actitud pasiva y apática hacia la vida política, actitud que favorece a los sistemas totalitarios, que saben sacar provecho de la indiferencia ciudadana para imponer su modelo de dominación donde la acción comunicativa no tiene cabida. Este desinterés de la ciudadanía por la vida política resulta muy peligroso porque hace factible que se puedan repetir barbaries como las vividas en el pasado. La despolitización de la ciudadanía se traduce además en un no cuestionamiento del sistema y en la anulación del pensamiento crítico.

Desde este planteamiento, Habermas denuncia que la transformación de la política n técnica no es algo causal sino intencionado. Esta transformación supone la colonización del mundo de la vida por los imperativos funcionales de la técnica, que responden a cuestiones económicas y administrativas. De este modo, la economía dirige la política y el interés económico prima sobre el interés político. Este es el motivo por el que Habermas propone recuperar la dimensión práctico- moral de la política desde una razón dialógica que fomente el interés emancipativo.

La ética dialógica (que se denomina también ética comunicativa o ética discursiva) defiende la posibilidad de entendernos, más allá de las diferencias particulares debidas a los contextos donde se encuentren las sociedades. Se trata de una ética que busca la unidad de la humanidad y cuyas razones morales se extienden al derecho y a la política.

(Amparo Zacarés Pamblanco, Clara Fuster González, Andrea Belenchón Marco. Historia de la Filosofía. 2º Bachillerato. Editorial Mc Graw Hill. Madrid. 2016)